Árbol de problemas: qué es, cómo se hace paso a paso y un ejemplo

«Falta una planta potabilizadora.» Parece un buen punto de partida para un árbol de problemas, y ya trae dentro la respuesta antes de que nadie haya hecho la pregunta. El árbol de problemas sirve para ordenar la conversación al revés: primero qué le pasa a quién, y por qué, y sólo después qué conviene construir. Te sirve si vas a diseñar un proyecto, formular un programa público o revisar el diagnóstico de uno que ya está en marcha.

¿Qué es un árbol de problemas?

Es un diagrama que pone un problema central en el tronco, las causas que lo producen hacia abajo, en las raíces, y los efectos que provoca hacia arriba, en la copa. Cada flecha afirma una relación de causa a efecto en una dirección concreta: poner una tarjeta debajo de otra es sostener que la de abajo produce la de arriba. El tema compartido o la importancia de cada tarjeta se discuten aparte; el diagrama sólo dice qué produce qué.

Su función es doble. Sirve de diagnóstico compartido entre quienes lo construyen, porque vuelve discutible lo que cada persona traía en la cabeza. Y sirve de base para formular objetivos: de ese árbol sale, dándolo vuelta y revisándolo, el árbol de objetivos.

Su lugar dentro del marco lógico

En las guías del marco lógico el árbol de problemas ocupa un sitio fijo en la secuencia. Lo precede el análisis de actores o involucrados, y lo siguen el árbol de objetivos, el análisis de alternativas y la matriz. Las propias guías, de la Comisión Europea (2004) a la CEPAL (Ortegón, Pacheco y Prieto, 2005), presentan esa secuencia como iterativa: volver al árbol después de haber avanzado forma parte del método.

Dentro de esa cadena, las causas que la intervención decide atacar se convierten en componentes. Las que quedan fuera sólo reaparecen en la matriz como supuestos cuando son factores externos al control del proyecto.

Diagramas que se le parecen y funcionan distinto

El árbol de fallas, el diagrama de Ishikawa y los cinco porqués se le parecen en la forma. El árbol de fallas opera con puertas lógicas y probabilidades; Ishikawa reparte las causas en categorías fijadas de antemano; los cinco porqués buscan la raíz de un incidente acotado. El árbol de problemas trabaja con la causalidad múltiple y difusa de un problema social que lleva tiempo instalado, y sus flechas no admiten cálculo.

Para tu próximo taller

Lienzo del árbol de problemas

El diagrama en una hoja carta y, en la segunda, el registro de lo que el diagrama no

¿Para qué sirve, y cuándo conviene otra herramienta?

Sirve para hacer explícito un diagnóstico que de otro modo quedaría disperso, y para que la formulación de objetivos arranque de lo que pasa y no de la intervención que alguien ya tenía pensada.

Para diseñar un proyecto

Es su uso más conocido: el primer paso para llegar a una matriz de marco lógico con una lógica que se sostenga. Cuando el proceso sigue hasta el árbol de objetivos, lo que quedó mal formulado aquí tiende a pasar al diseño. Por eso vale la pena hacerlo con cuidado.

Para un programa público en México

En México el árbol de problemas es la puerta de la Matriz de Indicadores para Resultados (MIR). La guía que publicó el CONEVAL en 2013 (Hernández Reyes y Lugo Paz) lo pone como el paso 1 de diez, y los elementos mínimos que el CONEVAL fijó para el diagnóstico de un programa nuevo lo piden como parte obligatoria: una «estructura causal que presenta de manera explícita las causas estructurales, causas intermedias y efectos del problema». Desde julio de 2025 las funciones del CONEVAL las tiene el INEGI, y sus guías siguen siendo la referencia del método.

Para evaluar un programa que ya está en marcha

El árbol también se usa al revés: reconstruir el diagnóstico que un programa daba por supuesto y comprobar qué causas atendió, cuáles ignoró y cuáles trató como si fueran el problema. Pide documentación de diseño suficiente y métodos declarados (documentos, entrevistas, análisis de argumentos), porque una reconstrucción equivocada de la teoría de un programa lleva a conclusiones equivocadas sobre él (Leeuw, 2003). El árbol reconstruido es obra de quien evalúa, y se firma así.

Cuando el problema se alimenta a sí mismo

La forma de árbol sólo admite causalidad en una dirección, sin ciclos. Los círculos en los que un efecto vuelve a alimentar su causa no tienen dónde dibujarse. Esa simplificación es lo que hace legible el árbol; el cuidado está en anotar aparte lo que no cupo, para que no desaparezca del diagnóstico. Si el circuito es justamente lo que te interesa, conviene trabajarlo con una teoría del cambio.

Cuando hay que demostrar cuánto importa el problema

Ningún nodo del árbol trae magnitud. El diagrama no dice a cuánta gente afecta el problema, cuánto ha crecido ni qué peso tiene cada causa, y un árbol coherente y consensuado puede describir un problema marginal. Para sostener que un problema merece inversión hace falta un diagnóstico con datos, que es lo que el CONEVAL pide antes de dibujar el árbol, y una línea base para medirlo.

¿Cómo se hace un árbol de problemas, paso a paso?

Los pasos siguen la lógica de un taller con tarjetas. Si lo construye un equipo técnico o se trabaja en línea, cambian el soporte y los tiempos, y la lógica se conserva.

1. Convoca por posiciones frente al problema

Quién está en la sala decide qué causas aparecen. Una causa que sólo conoce alguien que no vino queda fuera, y en el diagrama es indistinguible de una causa inexistente, porque el árbol no deja rastro de lo que nadie dijo. Por eso la convocatoria se piensa por posiciones (quién vive el problema, quién influye en él, quién decide, quién ejecuta) antes que por número de asistentes. Y conviene decidir de antemano qué harás si el actor con más poder acapara la palabra, o si el más afectado no llega.

La guía de 2013 del CONEVAL recomienda un grupo multidisciplinario con información sobre el problema, e integrar a personal de planeación, operación, evaluación y presupuesto. Es una buena base para un programa público, y vale sumarle a quienes viven el problema: un grupo sólo institucional tiende a ver las causas que la institución ya sabe atender.

Sobre el tamaño no hay una cifra única. La moderación por tarjetas trabaja cómoda con 8 a 12 personas; los talleres de planificación por objetivos admiten 20 a 25 en subgrupos que después ponen en común. Son rangos de trabajo para talleres presenciales, y no rigen cuando el número de asientos lo fija la estructura de actores.

2. Formula el problema central como un estado negativo

El problema central describe lo que le ocurre a alguien, en negativo y en presente. Tres reglas lo sostienen, y las tres están en las guías del CONEVAL:

  • Nombra a la población. «Enfermedades gastrointestinales recurrentes» deja fuera a quién las padece.
  • Describe un estado, no la falta de una solución. «Faltan becas» esconde el problema; «alta tasa de deserción escolar» lo nombra. «Falta una planta potabilizadora» ya eligió qué construir.
  • Uno solo. Un enunciado que mete tres problemas («padecen desnutrición, por lo que no alcanzan su desarrollo y tienen bajo rendimiento escolar») no se puede colocar en un punto de la cadena.

La prueba es de fondo, más que de gramática: un enunciado negativo que conserva la solución dentro («no hay programa de saneamiento») sigue incumpliendo la regla. Las carencias sí caben en el árbol, y a menudo son causas legítimas. Lo que no pueden es ocupar el centro.

3. Anota con qué criterio lo elegiste

Cuando hay varios candidatos a problema central, los manuales no se ponen de acuerdo en cómo elegir: unos deciden por gravedad del daño, otros por lo que está al alcance de quien planifica, otros por consenso, otros por el encaje con una prioridad política o una convocatoria de financiamiento. Cada criterio produce un árbol distinto. Lo mínimo es dejarlo escrito junto al árbol, porque sin él nadie puede releerlo.

Si el problema central vino dado por un mandato, una convocatoria o una política ya aprobada, se dice así, y se anota qué problemas quedaron fuera por esa vía.

4. Sube a los efectos

Pregunta qué consecuencias tiene que el problema exista, y coloca encima los efectos más directos. Luego pregunta qué consecuencias tienen esos efectos, y sube un nivel más. La guía de 2013 propone este orden, efectos primero, y señala que dos a cuatro niveles suelen bastar para describir bien un problema.

5. Baja a las causas, una idea por tarjeta

Pregunta qué ha llevado a que el problema exista, y coloca debajo las causas directas. Después, las causas de las causas. Cada tarjeta enuncia una sola idea, con una frase que se entienda fuera de la sala: una tarjeta con dos problemas dentro no se puede poner en un solo punto de la cadena, y una tarjeta que sólo entienden quienes estuvieron deja de servir en cuanto el árbol circula.

6. Dibuja una sola vez la causa que alimenta varias ramas

Una causa puede alimentar varias ramas y un efecto puede venir de varias causas. Repetir la tarjeta en dos sitios para que el dibujo quede limpio infla el peso aparente de esa causa y falsea la estructura. Lo que corresponde es una tarjeta y varias flechas.

Al unir las dos mitades, la guía del CONEVAL pide comprobar que ninguna tarjeta aparezca a la vez como causa y como efecto. Cuando pasa, suele ser un bucle: decide de qué lado queda en el dibujo y anota el circuito completo aparte.

7. Decide hasta dónde bajar

El método no fija cuántos niveles. Si el árbol alimenta el diseño de un proyecto acotado, bajar indefinidamente no aporta. Si alimenta un diagnóstico sectorial o un trabajo de incidencia, cortar en lo que el proyecto puede tocar recorta el argumento, porque ahí las causas estructurales son el tema. Llegar hasta ellas tampoco obliga a atenderlas: se describen en el diagnóstico y el alcance se decide después, dibujando la línea encima del árbol completo.

8. Protege la relectura

Reunir a personas de posiciones distintas, abrir la lluvia de problemas, agrupar, discutir la dirección de las flechas y releer el árbol entero son fases encadenadas, y no caben en una reunión corta. Cuando el tiempo aprieta, la que se sacrifica es la última, que es justo donde se detectan los errores de nivel y de dirección. Vale más reservarle tiempo en la agenda que alargar el principio.

9. Valida con datos y con quien no estuvo

Contrastar el árbol con datos secundarios, estudios o personas que no participaron es lo que separa un árbol de percepciones de uno que puede sostener una decisión de inversión. Cuando los datos y el árbol no coinciden, la diferencia es un hallazgo sobre el problema o sobre el grupo, y se documenta en vez de borrar lo que dijo el taller.

10. Devuelve el resultado

Pasa el diagrama a limpio con su registro, y devuélvelo a quienes lo construyeron. Cuando falta tiempo o dinero, estas tareas de después son las que se caen, y con ellas el árbol se queda sin contraste y las personas sin respuesta.

Ejemplo de árbol de problemas

El caso es didáctico: una comunidad costera pequeña que vive de la pesca y, cada vez más, de quienes la visitan en temporada. El ayuntamiento y un grupo de vecinos quieren atraer inversión para dos hoteles medianos. En la primera reunión, alguien escribe en la tarjeta del centro: «Falta una planta potabilizadora».

Árbol de problemas de una comunidad costera: en el centro, las familias consumen agua no apta; debajo, cinco causas, entre ellas el agua que llega a la red sin tratamiento; arriba, efectos que llegan hasta que los inversionistas descartan la comunidad para hoteles

El problema central

Había dos candidatos. Quien venía por la inversión proponía «los inversionistas descartan la comunidad para construir hoteles». El centro de salud y varias familias proponían «las familias de la comunidad consumen agua que no es apta para consumo humano».

El grupo eligió el segundo por gravedad, y lo dejó escrito. Con el primero en el centro, el agua habría quedado como un medio para atraer hoteles; con el segundo, la inversión aparece arriba, como efecto, y el árbol explica por qué no llega.

Las causas

  • El pozo que abastece a la comunidad recibe filtraciones de aguas residuales.
    • Viviendas y negocios descargan a fosas sépticas sin mantenimiento.
      • La comunidad no cuenta con tratamiento de aguas residuales.
    • El subsuelo es muy permeable.
  • El agua llega a la red sin tratamiento.
  • La red tiene fugas y cortes, y el agua se recontamina en el trayecto.
    • El comité del agua no tiene recursos para mantener la red.
      • Lo que se cobra por el servicio no cubre su operación.
  • El agua se guarda en tinacos y cisternas que se limpian poco.
    • Ninguna institución acompaña el manejo del agua en las casas.
  • En temporada alta la demanda sube y el abasto se interrumpe.

La planta potabilizadora sigue en el árbol, en su lugar: es la causa «el agua llega a la red sin tratamiento», una entre cinco.

Los efectos

  • Las familias enferman con frecuencia del estómago, y se pierden días de trabajo y de escuela.
  • Las familias gastan parte de su ingreso en agua embotellada. Junto con los días perdidos, eso baja su ingreso disponible: un efecto con dos causas, dibujado una sola vez.
  • Visitantes enferman durante su estancia, las estancias se acortan y las reseñas empeoran. Arriba de todo, alimentado también por los cortes de temporada alta: los inversionistas descartan la comunidad para hoteles medianos.

El registro aparte

Lo que el diagrama no muestra quedó escrito en una segunda hoja:

  • Posición ausente. Las familias de la parte alta, que acarrean el agua porque no tienen toma, no pudieron asistir por el horario. Sus causas pueden faltar.
  • Desacuerdo abierto. El comité del agua sostuvo que el pozo está limpio y que el agua se contamina en las casas; el centro de salud sostuvo lo contrario. En lugar de votarlo, quedó para validar con análisis del pozo y de las tomas.
  • Bucle que no cabe. Más visitantes, más descargas a fosas, más contaminación del pozo, más visitantes enfermos. Los hoteles nuevos, sin tratamiento de aguas, aceleran el mismo circuito.
  • Reformulado. «La gente no quiere pagar el agua» se reescribió como «lo que se cobra no cubre la operación». El primero atribuía una intención a las personas; el segundo describe el estado del servicio.

Ese bucle es, probablemente, lo más útil que produjo el taller para la conversación sobre los hoteles.

¿Cómo se lee un árbol ya hecho?

Un árbol bien construido permite afirmar qué hipótesis causales sostiene un grupo concreto, en un momento concreto, y cómo las encadena. Lo demás se lee con cuidado.

Las flechas son hipótesis

Cada flecha registra lo que el grupo cree que produce qué. El acuerdo de la sala la vuelve explícita y discutible, que es mucho, y la prueba llega después. La excepción son los vínculos que el equipo respalda con un estudio concreto, anotado junto a la tarjeta: ahí la incertidumbre es la del estudio.

La altura mide distancia al problema central

Estar abajo quiere decir estar más lejos del tronco en la cadena de causas. La gravedad o la urgencia de cada causa se miden aparte. Lo que sí orienta la profundidad es dónde interviene un proyecto, porque el marco lógico engancha las actividades en las causas de los niveles más bajos.

Es un diagnóstico entre varios posibles

Con otras personas en la sala, o con otro criterio para el problema central, el mismo problema da otro árbol válido. Lo que un método participativo puede volver sistemático es el procedimiento. Por eso conviene presentar el resultado como «el diagnóstico de este grupo», con su composición y su criterio a la vista. Y hay árboles sencillamente mal hechos, con flechas al revés o niveles cruzados, que se corrigen.

Sesgos frecuentes y cómo contrarrestarlos

El actor con más voz

El taller participativo trae apropiación y causas que un equipo técnico no ve. Su riesgo es reproducir el discurso de quien más habla, sobre todo donde el contexto no sostiene la participación. El trabajo en gabinete tiene el riesgo contrario: confirmar el diagnóstico que el equipo ya traía. Elige con el riesgo a la vista: reglas de palabra y subgrupos en el taller, contraste externo en el gabinete.

La poda prematura

Quitar las causas que el proyecto no podrá atender mientras todavía se diagnostica convierte el diagnóstico en diseño: el árbol deja de explicar por qué pasa el problema y empieza a explicar lo que alguien ya pensaba hacer. La guía de Hacienda de 2010 lo dice desde otro ángulo: evitar definir problema, causas y efectos a partir de la estructura que el programa ya tiene. Trazar lo que el proyecto puede tocar es un paso posterior y útil, sobre el árbol completo.

El consenso tomado por validez

Un árbol muy consensuado puede ser el reflejo del discurso dominante, y una rama que nadie discutió puede ser una que nadie se atrevió a discutir. Los desacuerdos sobre relaciones causales son lo más informativo del ejercicio. Búscalos, y regístralos con quién sostenía qué, en vez de cerrarlos por cansancio (Kaner, 2011).

Quién modera

Quien modera registra, ordena y devuelve al grupo las decisiones sobre dirección y nivel de cada tarjeta, sin aportar contenido. El conflicto aparece cuando modera el mismo equipo que después formulará el proyecto, porque ya tiene una intervención preferida. Una moderación externa cambia de quién es el sesgo de la sala, y eso ya ayuda.

La priorización presentada como análisis

Votar causas con puntos o pasarlas por una matriz de criterios es una decisión que se superpone al árbol. Cuando el producto es una selección de causas, se declara como tal, con sus criterios escritos; la priorización participativa tiene sus propias reglas. Cuando el producto es el diagnóstico, priorizar sobra, porque una votación reparte las preferencias de quienes estaban en la sala.

Lo que se le debe a quienes lo construyeron

Pedirle a un grupo de personas afectadas que enumere durante horas los efectos del problema que vive genera la expectativa de que algo va a pasar. Al inicio corresponde decir qué se hará con el árbol y qué no está decidido. Y después, devolver el resultado: la expectativa la crea la dinámica entera (el detalle de las preguntas, las horas, la institución tomando nota), y la devolución es parte del compromiso.

Tres cuidados más. Anotar qué posiciones faltaron, porque el árbol se presentará como el diagnóstico de la situación de personas que quizá no estuvieron. Registrar los desacuerdos con su autoría, para que nadie aparezca firmando un consenso que no sostuvo. Y cuando el árbol se hace con dibujos, símbolos u objetos en contextos de baja alfabetización o de varias lenguas, tratar el registro escrito del equipo como una traducción que se verifica con el grupo.

En el ejemplo del agua, este apartado tiene nombre propio: la comunidad no debería salir del taller creyendo que los hoteles llegarán. Ese efecto está en la copa, fuera del alcance de cualquier proyecto de agua.

Del árbol de problemas al árbol de objetivos

Con el árbol de problemas validado, el paso siguiente es darle la vuelta: cada estado negativo se escribe como una situación alcanzada, el problema central pasa a ser el objetivo, las causas se vuelven medios y los efectos, fines. Dar la vuelta a las tarjetas lleva unos minutos; revisar cada vínculo nuevo lleva más, y es donde está el valor. Lo contamos, con el mismo caso del agua, en el árbol de objetivos.

El árbol de problemas describe un estado de cosas. Para explicar por qué una acción produciría el cambio que buscas, con sus mecanismos y supuestos, el complemento es la teoría del cambio, y la síntesis de todo el diseño, la matriz de marco lógico.

¿Qué tarjeta estaría hoy en el centro de tu árbol, y quién de las personas que lo viven todavía no está en la sala?

Fuentes de referencia

  • Comisión Europea, EuropeAid (2004). Aid Delivery Methods. Volume 1: Project Cycle Management Guidelines.
  • Ortegón, Edgar; Pacheco, Juan Francisco y Prieto, Adriana (2005). Metodología del marco lógico para la planificación, el seguimiento y la evaluación de proyectos y programas. CEPAL / ILPES.
  • Hernández Reyes, Nereida y Lugo Paz, Hugo (2013). Guía para la elaboración de la Matriz de Indicadores para Resultados. Revisión técnica de Edgar A. Martínez Mendoza. México: CONEVAL.
  • CONEVAL (s. f.). Elaboración del Árbol del Problema y del Árbol de Objetivos. México: CONEVAL.
  • CONEVAL (s. f.). Elementos mínimos a considerar en la elaboración de diagnósticos de programas nuevos. México: CONEVAL.
  • Guía para el diseño de la Matriz de Indicadores para Resultados (2010).
  • Kaner, Sam (2011). Facilitator’s Guide to Participatory Decision-Making.
  • Leeuw, Frans L. (2003). «Reconstructing Program Theories: Methods Available and Problems to be Solved». American Journal of Evaluation.

Comenta con facebook

Comparte esta entrada

Tabla de contenidos

Pensamos que puede interesarte:

Regístrate gratis

Encuentra recursos y herramientas para tu desempeño personal y el de tu organización.

Suscríbete al Campus digital idyd

Explora nuestra oferta de aprendizaje

morazan