Del servicio al bienestar de las personas, las organizaciones y los territorios
La actividad turística produce información de manera constante. Empresas, destinos e instituciones registran llegadas, niveles de ocupación, estancia promedio, gasto, ventas, comentarios, calificaciones, quejas e intención de regreso. Estos datos son indispensables para conocer el comportamiento de la actividad, administrar recursos y evaluar resultados. Sin embargo, no describen por sí solos la experiencia vivida.
Una habitación puede entregarse limpia y a tiempo; un recorrido puede completar su itinerario; un restaurante puede servir correctamente los alimentos solicitados y un centro ecoturístico puede cumplir todas las actividades programadas. Aun así, las personas pueden sentirse ignoradas, inseguras, poco valoradas o desconectadas del lugar.
También puede suceder lo contrario: una interacción profundamente hospitalaria puede ayudar a resolver una dificultad, disminuir la incertidumbre y transformar un servicio ordinario en un recuerdo significativo. Esto ocurre porque una experiencia turística no se compone únicamente de elementos físicos y procedimientos. También incluye emociones, percepciones, relaciones, aprendizajes, expectativas y significados.
Por ello, medir una experiencia turística no consiste solamente en preguntar si el visitante quedó satisfecho. Implica reunir evidencia que permita comprender qué funcionó, cómo se sintieron las personas, qué valor se generó y qué debe modificarse para mejorar.
La medición con sentido humano amplía la mirada tradicional. Además del visitante, reconoce a quienes trabajan en la prestación de los servicios, a las organizaciones que diseñan y coordinan la experiencia, y a las comunidades y territorios donde la actividad ocurre.
Los datos son el punto de partida, no el destino. Su verdadero valor aparece cuando se interpretan, se comparten y se convierten en decisiones capaces de mejorar la experiencia y las condiciones que la hacen posible.
Pregunta orientadora: ¿Qué necesitamos conocer para mejorar la experiencia sin reducir a visitantes, colaboradores y comunidades a un número?
Medir para comprender, no solamente para controlar
Con frecuencia, la medición se utiliza como un mecanismo de control: comprobar si se alcanzaron las metas, verificar que el personal cumplió los procedimientos o elaborar reportes administrativos. Estas funciones son válidas, pero representan solo una parte de su utilidad.
Medir también puede convertirse en una herramienta de escucha, aprendizaje y transformación. Permite descubrir situaciones que pasan inadvertidas, cuestionar suposiciones y reconocer diferencias entre lo que la organización cree ofrecer y lo que las personas realmente viven.
Una organización puede estar convencida de brindar atención cálida porque su personal saluda y sonríe. Sin embargo, al escuchar a los visitantes puede descubrir que la información previa es confusa, que las personas no saben a quién acudir cuando surge un problema o que ciertos grupos encuentran barreras para participar.
De la misma manera, una empresa puede recibir calificaciones elevadas y considerar que todo funciona correctamente. No obstante, al conversar con sus colaboradores podría encontrar cansancio, falta de capacitación, sobrecarga de trabajo o poca autonomía para resolver necesidades. Estos factores quizá todavía no aparecen en las evaluaciones del visitante, pero pueden afectar la experiencia en el futuro.
La medición adquiere sentido cuando ayuda a formular mejores preguntas:
- ¿Estamos cumpliendo lo que prometimos?
- ¿Cómo se sienten las personas durante la experiencia?
- ¿Qué momentos generan confianza y cuáles producen incertidumbre?
- ¿Qué está aprendiendo el visitante?
- ¿Qué condiciones necesitan los colaboradores para brindar una atención adecuada?
- ¿Qué beneficios recibe la comunidad?
- ¿Qué efectos produce la actividad sobre el territorio?
- ¿Qué debemos mantener, corregir o rediseñar?
No se trata de medir todo. Intentar convertir cada interacción en una cifra puede producir una gran cantidad de información y muy poca comprensión. La finalidad consiste en seleccionar aquello que ayuda a observar los objetivos de la organización y a tomar decisiones relevantes.
La experiencia turística como sistema de relaciones
Una experiencia turística no es un objeto terminado que una empresa entrega de manera unilateral. Se construye mediante la interacción de numerosos elementos: expectativas, personas, servicios, espacios, relatos, infraestructura, tecnología, cultura, naturaleza y territorio.
El visitante llega con necesidades, referencias previas, emociones, capacidades y restricciones. Puede buscar descanso, aprendizaje, convivencia, aventura, reconocimiento, seguridad o conexión con la naturaleza. Su valoración depende tanto de lo que recibe como de lo que esperaba recibir.
El colaborador aporta conocimientos, trabajo, criterio, emociones y capacidad de respuesta. No se limita a seguir un procedimiento. Interpreta situaciones, adapta la atención y resuelve necesidades que no siempre pueden anticiparse mediante un manual.
La organización diseña la propuesta, distribuye recursos, establece estándares, define precios y crea condiciones de trabajo. Sus decisiones influyen directamente en la posibilidad de que el equipo cumpla la promesa comunicada al visitante.
La comunidad y el territorio aportan patrimonio, cultura, paisaje, infraestructura, conocimientos, vida cotidiana y hospitalidad. No son escenarios pasivos. Forman parte de la experiencia y reciben las consecuencias positivas o negativas de la actividad.
Por ello, una medición concentrada únicamente en el visitante ofrece una visión incompleta. Una calificación elevada puede coexistir con agotamiento laboral, deterioro ambiental, exclusión de proveedores locales, apropiación cultural o inconformidad comunitaria.
Del mismo modo, un proyecto puede generar beneficios sociales o ambientales y, aun así, resultar inviable si no ofrece calidad, no satisface a sus usuarios o no obtiene ingresos suficientes para sostenerse.
Medir con sentido humano implica reconocer estas relaciones y evitar que el éxito de un actor se construya sistemáticamente a costa del bienestar de otro.
Mirada sistémica: el éxito turístico debe observar lo que ocurre con visitantes, colaboradores, organizaciones y territorios, así como las relaciones que existen entre ellos.
Calidad: comprobar si la promesa se cumple
La calidad permite saber si el servicio funciona y cumple lo prometido. Incluye aspectos como seguridad, limpieza, precisión, disponibilidad, mantenimiento, accesibilidad, tiempos de respuesta, claridad de la información y competencia técnica.
No depende únicamente de la percepción del visitante. Existen condiciones objetivas que pueden observarse directamente. Una instalación puede representar un riesgo aunque ninguna persona lo mencione en una encuesta. Una información incorrecta continúa siendo una falla, incluso si el visitante logró resolverla por sus propios medios.
El modelo SERVQUAL, desarrollado por Parasuraman, Zeithaml y Berry, propuso analizar la calidad percibida mediante cinco dimensiones:
- Elementos tangibles: instalaciones, equipos, materiales y apariencia del personal.
- Confiabilidad: capacidad para cumplir el servicio prometido de forma precisa.
- Capacidad de respuesta: disposición para ayudar y atender oportunamente.
- Seguridad: conocimientos y comportamientos que generan confianza.
- Empatía: atención cuidadosa y consideración de necesidades particulares.
Estas dimensiones continúan siendo útiles para identificar brechas entre lo que la organización cree entregar y lo que el usuario percibe. Sin embargo, no deben aplicarse de manera mecánica. Las preguntas necesitan adaptarse al tipo de experiencia, al contexto cultural y a las características de los segmentos atendidos.
En el ámbito turístico también existen referentes internacionales. La norma ISO 22483:2020 establece requisitos y recomendaciones para hoteles en aspectos relacionados con personal, servicios, seguridad y actividades. La norma ISO 21902:2021 proporciona orientaciones para facilitar el acceso y disfrute del turismo a personas de diferentes edades y capacidades.
Estos referentes recuerdan que la calidad no consiste únicamente en proporcionar instalaciones atractivas o atención amable. También implica seguridad, accesibilidad, confiabilidad y respeto a los derechos de las personas.
Entre los aspectos que pueden medirse se encuentran:
- Cumplimiento de horarios, itinerarios y servicios contratados.
- Incidencias relacionadas con seguridad, mantenimiento o higiene.
- Exactitud y claridad de la información previa.
- Tiempos de espera y resolución de solicitudes.
- Accesibilidad física, comunicativa y digital.
- Percepción de profesionalismo y confiabilidad.
- Correspondencia entre el precio pagado y el valor recibido.
Prueba de cumplimiento: ¿la experiencia entrega de manera segura, accesible y consistente aquello que la organización prometió?
Calidez: comprender cómo se vivió la relación
La calidez se relaciona con la forma en que las personas se sienten durante la interacción. No equivale a sonreír permanentemente ni a tratar al visitante con una familiaridad forzada.
Se expresa en la capacidad de reconocer a la persona, escucharla, respetarla, anticipar necesidades razonables y responder con sensibilidad. Es una cualidad relacional y puede adoptar formas diferentes de acuerdo con la cultura, el momento y el tipo de servicio.
En algunos contextos, la calidez se manifiesta mediante una conversación cercana. En otros, puede expresarse respetando el espacio personal, ofreciendo información precisa o permaneciendo disponible sin intervenir innecesariamente.
Medirla exige explorar percepciones y emociones:
- ¿La persona se sintió bienvenida?
- ¿Tuvo confianza para solicitar ayuda?
- ¿Percibió interés genuino?
- ¿La comunicación fue clara, respetuosa y digna?
- ¿Sintió que se consideraron sus necesidades?
- ¿La atención respetó sus límites y preferencias?
Estas dimensiones difícilmente pueden comprenderse mediante una sola calificación general. Dos visitantes pueden otorgar ocho puntos de diez y haber vivido situaciones completamente diferentes. Uno puede valorar la amabilidad del equipo; otro puede sentirse frustrado por la falta de información y considerar que, a pesar de ello, la actividad fue aceptable.
Por esta razón, las escalas numéricas deben complementarse con preguntas abiertas, entrevistas, observación y análisis de comentarios. Los relatos ayudan a entender qué produjo la emoción y en qué momento se originó.
La calidez tampoco depende exclusivamente de la voluntad individual del colaborador. Las condiciones de trabajo, la capacitación, la carga operativa, la información disponible y el margen para resolver problemas influyen en su capacidad de atender con sensibilidad.
Pedir al equipo que sea más amable no resolverá una experiencia deficiente si las personas trabajan agotadas, carecen de herramientas o deben aplicar procedimientos que contradicen las necesidades del visitante.
Pregunta humana: además de saber si el servicio fue correcto, necesitamos comprender si las personas se sintieron reconocidas, seguras y respetadas.
Sentido: identificar el valor que permanece
El sentido aparece cuando una experiencia produce un valor que rebasa el consumo inmediato. Puede manifestarse como aprendizaje, conexión, pertenencia, descanso profundo, descubrimiento, orgullo, comprensión cultural o compromiso con la conservación.
No toda actividad turística necesita transformar radicalmente la vida del visitante. Sin embargo, toda organización puede preguntarse qué huella desea dejar y si realmente está generándola.
Kim, Ritchie y McCormick desarrollaron una escala de experiencias turísticas memorables integrada por 24 reactivos y siete dimensiones:
- Disfrute o hedonismo.
- Renovación.
- Cultura local.
- Significado.
- Conocimiento.
- Involucramiento.
- Novedad.
Este enfoque demuestra que una experiencia memorable no depende únicamente de que el servicio haya funcionado. También intervienen la participación, el aprendizaje, las emociones y la relación con el lugar.
No obstante, la memorabilidad tampoco debe convertirse en el único criterio. Una situación negativa puede ser intensamente recordada. Por ello, conviene analizarla junto con calidad, bienestar, satisfacción, aprendizaje, intención de regresar e impacto territorial.
Algunas señales de una experiencia con sentido aparecen cuando la persona:
- Puede explicar qué aprendió o descubrió.
- Reconoce prácticas de cuidado ambiental o cultural.
- Recuerda momentos, relatos o personas específicas.
- Relaciona la experiencia con valores personales.
- Desea conservar, compartir o apoyar aquello que conoció.
- Modifica alguna práctica después de la visita.
Prueba de significado: ¿qué valor permanece cuando termina el servicio y qué parte de ese valor beneficia también al lugar donde ocurrió?
Cuatro actores para una medición más completa
Una medición con sentido humano necesita incorporar cuatro perspectivas fundamentales.
Visitantes
Conviene observar su satisfacción, percepción de calidad y calidez, emociones, aprendizaje, memorabilidad, accesibilidad, confianza, esfuerzo, intención de regresar y disposición para recomendar.
También es necesario reconocer diferencias entre segmentos. Una familia con niños, una persona mayor, alguien con discapacidad y un viajero de aventura pueden experimentar de manera distinta el mismo servicio.
Colaboradores
El personal no debe considerarse únicamente como un medio para producir satisfacción. Sus condiciones forman parte de los resultados humanos de la actividad.
Es posible medir bienestar, carga de trabajo, seguridad, capacitación, sentido de pertenencia, autonomía, permanencia y capacidad para resolver necesidades.
Cuando las personas cuentan con condiciones dignas, información, recursos y apoyo, tienen mayores posibilidades de ofrecer experiencias de calidad y calidez.
Organizaciones
La organización necesita observar rentabilidad, fidelización, reputación, innovación, cumplimiento, eficiencia, calidad de procesos y aprendizaje.
La sostenibilidad económica es indispensable, pero debe analizarse junto con sus costos sociales y ambientales. El crecimiento no puede considerarse exitoso si se sostiene mediante agotamiento laboral o deterioro del territorio.
Comunidades y territorios
La medición puede incluir empleo y compras locales, distribución de beneficios, participación comunitaria, conservación, presión sobre recursos, patrimonio, convivencia, accesibilidad y percepción de los residentes.
Las comunidades no son únicamente proveedoras de hospitalidad ni escenarios de la experiencia. Son actores con derecho a participar en las decisiones y a expresar qué tipo de desarrollo consideran deseable.
Equilibrio de voces: una experiencia no puede considerarse plenamente exitosa si satisface al visitante mientras debilita sistemáticamente a quienes trabajan o habitan en el territorio.
De la cifra económica a la sostenibilidad medible
Durante décadas, la medición del turismo se concentró principalmente en variables como el número de llegadas, la ocupación hotelera, la estancia promedio, el gasto de los visitantes, la generación de empleo y la aportación económica.
Estos indicadores continúan siendo fundamentales. Permiten dimensionar la actividad, observar tendencias, planear infraestructura, evaluar temporadas y conocer el desempeño de empresas y destinos. Sin embargo, resultan insuficientes para explicar todas las consecuencias del turismo.
Un destino puede recibir más visitantes y aumentar su derrama económica mientras enfrenta saturación de servicios, pérdida de espacios comunitarios, presión sobre el agua, aumento de residuos o inconformidad entre sus residentes. De manera similar, una empresa puede incrementar sus ventas mientras crece la rotación del personal o disminuye la calidad de vida de quienes colaboran en ella.
En 2024, los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron el Marco Estadístico para Medir la Sostenibilidad del Turismo, desarrollado bajo el liderazgo de ONU Turismo. Su propósito es integrar las dimensiones económicas, sociales y ambientales de la actividad y facilitar la producción de información comparable en los ámbitos nacional y subnacional.
Este avance refleja un cambio importante: la sostenibilidad deja de ser únicamente una declaración institucional y se convierte en una dimensión que necesita objetivos, información, indicadores y seguimiento.
Para una pequeña empresa turística, este marco no significa reproducir un sistema estadístico nacional. Su principal enseñanza es conceptual: los ingresos y el número de visitantes deben analizarse junto con el consumo de recursos, la calidad del empleo, las compras locales, la participación comunitaria, la accesibilidad y la conservación.
Dimensión ambiental
Los indicadores ambientales permiten observar cómo utiliza la organización los recursos y qué presiones produce sobre el entorno.
Pueden incluir:
- Litros de agua consumidos por visitante o estancia.
- Consumo de energía por habitación, recorrido o servicio.
- Cantidad de residuos generados.
- Proporción de residuos separados, reutilizados o reciclados.
- Eliminación de plásticos de un solo uso.
- Emisiones asociadas con transporte y operación.
- Estado de senderos, playas, cuerpos de agua o áreas sensibles.
- Cumplimiento de la capacidad de carga.
- Participación de visitantes en acciones de conservación.
Estos datos deben interpretarse de acuerdo con el contexto. Un aumento en el consumo total de agua puede deberse al crecimiento de visitantes; por ello, conviene analizar también el consumo por persona o unidad de servicio.
Dimensión social
La dimensión social permite conocer cómo influye la actividad en las condiciones de las personas.
Entre los indicadores posibles se encuentran:
- Proporción de empleo local.
- Estabilidad y permanencia de los puestos de trabajo.
- Acceso a capacitación.
- Seguridad y condiciones laborales.
- Inclusión de mujeres, jóvenes, personas mayores o grupos históricamente excluidos.
- Accesibilidad para personas con discapacidad.
- Participación comunitaria.
- Percepción de los residentes.
- Distribución de oportunidades.
- Incidencias relacionadas con discriminación, acoso o violencia.
Medir empleo únicamente por número de puestos creados puede resultar engañoso. También importa conocer si son temporales o permanentes, si ofrecen condiciones dignas y si desarrollan capacidades que permanecen en el territorio.
Dimensión cultural
La cultura no debe tratarse únicamente como un producto destinado al consumo del visitante. Las expresiones culturales pertenecen a personas y comunidades que les otorgan significado.
La medición puede observar:
- Participación de portadores culturales en el diseño de la experiencia.
- Uso respetuoso de conocimientos y expresiones.
- Remuneración y reconocimiento.
- Fortalecimiento de lenguas, técnicas y saberes.
- Inversión en conservación del patrimonio.
- Transmisión intergeneracional.
- Percepción de la comunidad sobre la representación de su cultura.
- Existencia de acuerdos para utilizar relatos, imágenes o conocimientos.
Una actividad cultural puede atraer visitantes y obtener buenas evaluaciones, pero eso no garantiza que la comunidad se sienta correctamente representada.
Dimensión económica y territorial
La medición económica puede ir más allá de ventas e ingresos. También puede observar cuánto valor permanece en el territorio.
Algunos indicadores son:
- Proporción de compras realizadas a proveedores locales.
- Permanencia y estabilidad de los proveedores.
- Participación de productores y prestadores de servicios de la comunidad.
- Gasto turístico distribuido en negocios locales.
- Remuneración justa.
- Reinversión en conservación, infraestructura o capacidades.
- Dependencia de intermediarios externos.
- Distribución territorial de los beneficios.
No se trata de repartir las utilidades de una empresa entre toda la población. Se trata de comprender cómo participa la organización en la economía local y si sus decisiones fortalecen o debilitan las capacidades del territorio.
Idea decisiva: lo que una organización decide medir revela aquello que entiende por éxito.
Metodologías para medir experiencias turísticas
Ningún método describe por sí solo una experiencia compleja. La medición más útil combina información cuantitativa y cualitativa.
Los datos cuantitativos permiten comparar, identificar tendencias y estimar magnitudes. Los datos cualitativos ayudan a comprender causas, significados, emociones y contradicciones.
Los números muestran patrones; las palabras y conductas permiten explicarlos.
Una encuesta puede revelar que disminuyó la satisfacción. Sin embargo, una entrevista puede descubrir que el problema no se encuentra en la actividad principal, sino en la falta de información previa, la dificultad para llegar o la manera en que se respondió ante un contratiempo.
Encuestas
Las encuestas son útiles para recopilar información comparable sobre satisfacción, calidad, calidez, emociones, accesibilidad o intención de recomendar.
Su diseño debe partir de objetivos claros. Una encuesta extensa aplicada automáticamente al finalizar cada servicio suele producir cansancio, abandono y respuestas superficiales.
Resulta preferible seleccionar pocas preguntas relevantes y combinar:
- Escalas numéricas.
- Preguntas de opción múltiple.
- Reactivos específicos sobre momentos importantes.
- Una o dos preguntas abiertas.
- Variables necesarias para segmentar resultados.
Una pregunta general como «¿Qué tan satisfecho quedó?» ofrece una señal rápida, pero no explica qué produjo la respuesta. Puede complementarse con preguntas como:
- ¿Qué momento valoró especialmente?
- ¿Dónde encontró mayor dificultad?
- ¿Se sintió escuchado cuando necesitó ayuda?
- ¿Qué cambiaría de la experiencia?
- ¿Qué aprendió o descubrió?
- ¿La actividad fue accesible para sus necesidades?
La encuesta debe aplicarse en el momento adecuado. Una evaluación realizada inmediatamente después de la experiencia recoge una impresión reciente; una consulta posterior puede revelar qué permanece en la memoria.
Entrevistas y conversaciones
Las entrevistas permiten profundizar en situaciones que una escala numérica no puede explicar. Pueden ser formales o breves conversaciones estructuradas.
Algunas preguntas útiles son:
- ¿Qué esperaba antes de llegar?
- ¿En qué momento se sintió más acompañado?
- ¿Hubo alguna situación que le generara incertidumbre?
- ¿Qué parte de la experiencia considera más significativa?
- ¿Cambió algo en su manera de comprender el lugar?
- ¿Qué recomendación haría a la organización?
También pueden realizarse entrevistas con colaboradores, proveedores y residentes. Cada actor observa partes distintas de la experiencia.
El propósito no consiste en defender el servicio ni corregir inmediatamente la opinión, sino en comprender la perspectiva de quien participa.
Observación
Las personas no siempre expresan verbalmente lo que les sucede. La observación permite detectar recorridos confusos, esperas, barreras, comportamientos, dudas y momentos de tensión.
Puede ayudar a identificar:
- Personas que no encuentran la entrada.
- Visitantes que evitan solicitar ayuda.
- Señalización poco comprensible.
- Momentos de saturación.
- Dificultades de movilidad.
- Puntos donde se interrumpe la atención.
- Interacciones que generan confianza.
- Espacios que favorecen la convivencia.
La observación debe realizarse con criterios definidos y respeto a la privacidad. No consiste en vigilar a las personas, sino en estudiar el funcionamiento de la experiencia.
Grupos de diálogo
Los grupos de diálogo reúnen distintas perspectivas para explorar problemas y construir soluciones.
Pueden participar visitantes, colaboradores, proveedores, guías, residentes o representantes comunitarios. Son especialmente útiles cuando existen interpretaciones diferentes sobre una misma situación.
Por ejemplo, la organización puede considerar que una actividad cultural fortalece el patrimonio, mientras algunos miembros de la comunidad perciben que simplifica o distorsiona sus expresiones. El diálogo permite reconocer esas diferencias y negociar cambios.
Análisis de reseñas, comentarios e incidentes
Las reseñas digitales, quejas, felicitaciones, solicitudes y reportes de incidentes contienen información operativa y emocional.
En lugar de limitarse a contar opiniones positivas y negativas, conviene clasificarlas por:
- Tema.
- Momento del viaje.
- Tipo de visitante.
- Intensidad.
- Frecuencia.
- Área responsable.
- Posibilidad de intervención.
- Resultado de la atención.
Una queja no debe considerarse únicamente un problema reputacional. También puede mostrar una falla que otros visitantes experimentaron sin reportarla.
Triangulación: cuando una encuesta, la observación y los relatos apuntan en la misma dirección, la interpretación gana solidez. Cuando se contradicen, aparece una pregunta que merece investigación.
Medir el viaje completo
La experiencia comienza antes de que la persona llegue y continúa después de que se retira.
La búsqueda de información, la comparación, la reservación, el pago, las indicaciones, el traslado y las expectativas forman parte de la vivencia. También lo hacen la despedida, el recuerdo, la conversación con otras personas, la publicación de una reseña y la decisión de regresar.
Una medición aplicada únicamente al final puede atribuir todo el resultado al servicio principal, aunque la frustración se haya originado en otro momento.
Un visitante puede disfrutar el recorrido y, al mismo tiempo, sentirse agotado porque las indicaciones para llegar eran incorrectas. Otra persona puede valorar especialmente una actividad porque el mensaje previo le permitió prepararse y comprender su significado.
Antes de la experiencia
Conviene observar:
- Facilidad para encontrar información.
- Claridad de precios y condiciones.
- Confianza generada por los canales.
- Tiempo de respuesta.
- Facilidad de reservación y pago.
- Comprensión de indicaciones.
- Accesibilidad de la información.
- Correspondencia entre comunicación y realidad.
Durante la experiencia
Pueden medirse:
- Calidad de la bienvenida.
- Claridad de la orientación.
- Cumplimiento del servicio.
- Emociones predominantes.
- Facilidad para pedir ayuda.
- Participación e involucramiento.
- Barreras o momentos de esfuerzo.
- Resolución de imprevistos.
- Sensación de seguridad.
- Aprendizajes y encuentros significativos.
Después de la experiencia
Interesa conocer:
- Satisfacción final.
- Recuerdo de momentos específicos.
- Aprendizajes que permanecen.
- Intención de regresar.
- Recomendación.
- Cambios de comportamiento.
- Relación posterior con la organización.
- Disposición para apoyar la conservación o la comunidad.
No todos los momentos requieren una encuesta. El tiempo de respuesta puede obtenerse del sistema; las barreras de llegada pueden observarse; la comprensión puede comprobarse con una pregunta breve; y el significado puede explorarse mediante una entrevista.
Elegir el método apropiado reduce la carga sobre las personas y mejora la calidad de la información.
Los momentos de verdad
Los momentos de verdad son interacciones con alto potencial para fortalecer o deteriorar la confianza.
La primera bienvenida, una solicitud de accesibilidad, una incidencia de seguridad o la respuesta ante una queja pueden pesar más en el recuerdo que numerosos pasos rutinarios correctamente ejecutados.
Identificarlos ayuda a dirigir la atención hacia los puntos que realmente transforman la experiencia.
Pregunta de recorrido: ¿en qué momento se forma la expectativa, dónde aparece el mayor esfuerzo y qué interacción define el recuerdo final?
Indicadores: señales para orientar decisiones
Un indicador es una referencia que permite observar cambios, avances, resultados o retrocesos relacionados con un objetivo.
Puede ayudar a responder:
- ¿Estamos mejorando?
- ¿Estamos alcanzando nuestros objetivos?
- ¿Dónde necesitamos intervenir?
- ¿Qué está funcionando?
- ¿Qué necesita modificarse?
Un indicador no es necesariamente un número complejo. Puede ser un porcentaje, una frecuencia, un tiempo, un índice, una observación estructurada o una evidencia de cambio.
Si el objetivo es mejorar la satisfacción, un indicador puede ser el porcentaje de visitantes satisfechos. Si se busca fortalecer al equipo, puede utilizarse el número de horas de formación por colaborador. Si el objetivo es reducir el consumo de agua, puede medirse el volumen utilizado por visitante.
El indicador siempre debe guardar relación con una pregunta y con una decisión.
Indicadores oficiales y organizacionales
En turismo existen indicadores oficiales como:
- Llegadas de visitantes.
- Ocupación hotelera.
- Estancia promedio.
- Derrama económica.
- Generación de empleo.
- Aportación al producto interno bruto.
Estos indicadores responden a necesidades de gestión pública y análisis económico. Son valiosos, pero difícilmente explican si los colaboradores se sienten valorados, si la experiencia genera aprendizaje, si fortalece capacidades locales o si la comunidad percibe beneficios.
Por ello, cada organización necesita construir indicadores alineados con sus propios objetivos y valores.
Si mide únicamente ingresos, obtendrá mucha información económica. Si también mide bienestar, aprendizaje, calidad, calidez y sostenibilidad, ampliará su comprensión de la realidad.
Satisfacción general
Puede medirse mediante una escala sencilla. Ofrece una visión rápida, pero mezcla aspectos diferentes y suele presentar calificaciones altas.
Debe complementarse con preguntas específicas y analizarse como tendencia, no como un dato aislado.
Intención de recomendar
El Net Promoter Score clasifica las respuestas a una pregunta sobre recomendación y resta el porcentaje de detractores al de promotores.
Puede ser una señal útil de lealtad percibida, pero no representa por sí solo calidad, rentabilidad ni impacto. Necesita analizarse por segmentos y acompañarse de preguntas sobre las razones de la calificación.
Esfuerzo del cliente
Permite conocer qué tan fácil o difícil resultó:
- Reservar.
- Pagar.
- Obtener información.
- Llegar.
- Solicitar ayuda.
- Resolver un problema.
Una experiencia agradable puede perder valor si obliga al usuario a realizar un esfuerzo innecesario.
Regreso, recompra y fidelización
La conducta observada aporta información más sólida que la intención declarada. Sin embargo, algunos productos turísticos tienen una frecuencia natural baja.
Una persona puede valorar profundamente una experiencia y no regresar porque vive lejos o porque prefiere conocer nuevos destinos. Por ello, el indicador debe interpretarse según la naturaleza del producto.
Memorabilidad y aprendizaje
Pueden medirse al finalizar la actividad y cierto tiempo después.
Preguntas como «¿qué recuerda?» o «¿qué acción de conservación puede identificar?» ayudan a distinguir la impresión momentánea de un aprendizaje que permanece.
Advertencia: una métrica aislada puede orientar toda la atención hacia aquello que resulta fácil de contar y dejar fuera lo verdaderamente importante.
Construcción de indicadores con sentido
La tentación más común es comenzar buscando una lista de indicadores disponibles. El orden adecuado comienza con el propósito.
Ejemplo: educación ambiental
Objetivo: fortalecer la educación ambiental de los visitantes.
Pregunta: ¿las personas comprenden mejor la importancia de conservar el entorno después de la experiencia?
Indicador: porcentaje de visitantes que identifica al menos una acción concreta de conservación al finalizar la actividad.
Método: pregunta breve aplicada al cierre.
Frecuencia: revisión mensual.
Responsable: coordinación de la experiencia.
Decisión: si el porcentaje disminuye, revisar contenidos, métodos de interpretación y participación del visitante.
El proceso puede aplicarse mediante los siguientes pasos:
- Definir el objetivo.
- Formular la pregunta.
- Elegir el indicador.
- Seleccionar el método.
- Determinar frecuencia y responsable.
- Establecer un criterio de decisión.
Un indicador útil debe ser relevante, comprensible, factible, sensible al cambio y oportuno.
No necesita ser sofisticado. Si no ayuda a tomar una decisión, probablemente sobra o necesita reformularse.
Regla práctica: no comiences por el indicador. Comienza por el objetivo, la pregunta y la decisión que tomarás.
Diseñar un tablero equilibrado
Un sistema de medición no necesita cientos de métricas. Un tablero compacto puede integrar entre ocho y quince señales distribuidas entre los actores y resultados prioritarios.
Visitantes
- Satisfacción.
- Calidad y calidez.
- Esfuerzo.
- Aprendizaje.
- Memorabilidad.
- Accesibilidad.
Colaboradores
- Bienestar.
- Carga de trabajo.
- Capacitación.
- Permanencia.
- Autonomía.
Organización
- Rentabilidad.
- Repetición.
- Calidad de procesos.
- Incidencias.
- Mejoras implementadas.
Territorio
- Empleo y compras locales.
- Conservación.
- Participación comunitaria.
- Percepción de residentes.
Conviene combinar indicadores anticipatorios y de resultado. La capacitación y el mantenimiento pueden anticipar la calidad; la satisfacción y las incidencias muestran resultados posteriores.
También deben combinarse datos objetivos —consumo de agua, tiempos, rotación— con percepciones relacionadas con confianza, bienestar, orgullo y pertenencia.
Los resultados necesitan segmentarse cuando sea pertinente. Un promedio puede ocultar que las personas con discapacidad encuentran barreras, que un turno laboral concentra el agotamiento o que determinados grupos de la comunidad reciben menos beneficios.
Criterio de equilibrio: un tablero debe permitir mirar el bosque sin perder los árboles que revelan riesgos, exclusiones o aprendizajes.
Del dato a la mejora continua
La medición termina con demasiada frecuencia en una carpeta, una presentación o un informe que rara vez vuelve a consultarse. Se aplican encuestas, se elaboran gráficas y se calculan indicadores, pero la información no modifica las decisiones ni la forma de trabajar.
La verdadera utilidad de la medición comienza cuando la evidencia se transforma en aprendizaje y acción.
Para lograrlo, la organización necesita construir un ciclo continuo:
- Recopilar información.
- Verificar su calidad.
- Interpretar los resultados.
- Conversar con los actores involucrados.
- Tomar decisiones.
- Implementar acciones.
- Volver a medir.
- Documentar lo aprendido.
Medir sin actuar produce desgaste. Los visitantes dejan de responder cuando perciben que sus opiniones no provocan cambios. Los colaboradores pierden confianza si reportan problemas que permanecen sin atención. Las comunidades pueden considerar que se extrae información de ellas sin devolver beneficios ni resultados.
Interpretar antes de reaccionar
Un indicador señala que algo está ocurriendo, pero no siempre explica por qué.
Si disminuye la satisfacción, la causa puede encontrarse en diferentes factores:
- Mayor demanda durante la temporada alta.
- Incorporación de personal sin capacitación suficiente.
- Cambio de proveedor.
- Problemas de mantenimiento.
- Información confusa.
- Saturación de determinadas áreas.
- Condiciones climáticas.
- Modificación de las expectativas del visitante.
La interpretación exige comparar el resultado con periodos anteriores, segmentos, objetivos y condiciones del contexto.
También conviene combinar la información cuantitativa con testimonios, observaciones y registros operativos. Una calificación baja puede mostrar una tendencia; los comentarios permiten comprender qué la produjo.
Antes de actuar, la organización necesita construir y comprobar una hipótesis. De lo contrario, puede invertir en una solución que no corresponde con el problema real.
Conversar con quienes viven la experiencia
Los resultados deben compartirse con quienes pueden explicarlos y transformarlos.
El personal de contacto puede identificar por qué aumentaron los tiempos de espera. Los proveedores pueden explicar una variación en la calidad. La comunidad puede interpretar cambios en la convivencia. Los visitantes pueden evaluar una solución antes de que se implemente de manera definitiva.
La conversación permite reconocer que los datos no hablan por sí solos. Adquieren significado cuando se relacionan con el conocimiento de quienes viven la realidad observada.
Devolver información también representa una forma de reconocimiento. Las personas que participaron en encuestas, entrevistas o grupos de diálogo deben saber qué se encontró y qué decisiones se tomaron.
Convertir hallazgos en acciones
Toda mejora necesita al menos cuatro elementos:
- Una acción concreta.
- Una persona responsable.
- Un plazo.
- Una evidencia de cumplimiento.
Si los visitantes expresan confusión para llegar, una acción puede consistir en rediseñar las indicaciones, probarlas con personas que no conocen el lugar y comparar posteriormente el esfuerzo percibido.
Si el equipo reporta agotamiento, la respuesta no debe reducirse a solicitar mayor amabilidad. Es necesario revisar turnos, cargas de trabajo, herramientas, procesos, información y autonomía.
Si la comunidad percibe escasos beneficios, la organización puede analizar sus compras, alianzas, contratación local y mecanismos de participación.
La mejora continua no significa cambiar todo permanentemente. Implica conservar lo que funciona, corregir lo que produce problemas y experimentar de manera responsable con nuevas soluciones.
Ciclo de aprendizaje: medir, interpretar, dialogar, decidir, actuar y verificar. Sin acción y verificación, la medición pierde sentido.
Ética, privacidad y límites de la medición
Medir experiencias humanas implica responsabilidad. La información puede contribuir a mejorar, pero también puede utilizarse para vigilar, manipular o tomar decisiones injustas.
Las personas deben conocer:
- Qué información se solicita.
- Para qué será utilizada.
- Quién tendrá acceso.
- Durante cuánto tiempo se conservará.
- Qué medidas protegerán su privacidad.
No conviene recopilar datos personales que no sean necesarios. Tampoco deben combinarse bases de información de una manera que permita identificar a alguien sin su conocimiento o autorización.
Participación libre y accesible
Responder una encuesta o participar en una entrevista debe ser una decisión libre. La persona no tendría que sentir que su acceso al servicio depende de proporcionar información.
Los métodos también deben ser accesibles. Una encuesta exclusivamente digital puede excluir a quienes carecen de conexión, dispositivo o habilidades tecnológicas. Un formulario con lenguaje complejo puede dificultar la participación de ciertos grupos.
Conviene ofrecer alternativas y ajustar formatos, idiomas, tiempos y canales.
Evitar presiones
Una entrevista realizada por la misma persona que brindó el servicio puede inhibir las críticas. El visitante quizá prefiera responder favorablemente para evitar una situación incómoda.
De manera similar, un colaborador puede ocultar problemas laborales si considera que sus respuestas podrían generar represalias.
Cuando se abordan temas sensibles, se necesitan mecanismos de confidencialidad y espacios seguros.
Reconocer los sesgos
Ningún método es completamente neutral.
Con frecuencia responden más quienes están muy satisfechos o muy molestos. Las preguntas pueden inducir una respuesta. La traducción puede modificar significados. La cultura influye en la manera de utilizar una escala.
En algunos contextos, calificar con ocho puede representar una valoración excelente; en otros puede considerarse apenas aceptable.
Reconocer estas limitaciones no invalida la medición. Ayuda a interpretar los resultados con mayor prudencia.
El riesgo de convertir el indicador en castigo
La medición puede producir conductas no deseadas cuando se utiliza únicamente para premiar o sancionar.
Si un bono depende exclusivamente de las calificaciones, el equipo puede presionar a los visitantes para que evalúen positivamente, evitar atender situaciones complejas o concentrarse en mejorar el número en lugar de la experiencia.
Los indicadores deben abrir conversaciones y promover responsabilidad. No deben convertirse en mecanismos simplistas de vigilancia.
Principio ético: no recopiles información que no puedas proteger, interpretar responsablemente o utilizar para una finalidad legítima.
Errores que debilitan la medición
Medir todo
El exceso de indicadores dispersa la atención, aumenta la carga de trabajo y dificulta reconocer las prioridades.
Una organización puede reunir cientos de datos y continuar sin saber qué necesita cambiar. Es preferible medir menos aspectos y utilizar mejor la información.
Confundir satisfacción con calidad total
Una persona puede sentirse satisfecha a pesar de una falla objetiva porque sus expectativas eran bajas. También puede sentirse insatisfecha aunque el servicio haya cumplido correctamente, debido a expectativas poco realistas.
La percepción y el cumplimiento deben analizarse conjuntamente.
Escuchar únicamente al visitante
Concentrarse solo en la satisfacción del usuario puede ocultar agotamiento laboral, deterioro ambiental, exclusión de proveedores locales o rechazo comunitario.
La experiencia se construye mediante varios actores y todos deben estar presentes en la medición.
Premiar únicamente el número
Cuando se transforma un indicador en la única definición de éxito, las personas pueden concentrarse en mejorar la cifra en lugar de mejorar la realidad.
Los datos necesitan contexto, interpretación y conversación.
Utilizar promedios sin segmentar
Un promedio general puede ocultar diferencias importantes.
La satisfacción global puede ser alta mientras las personas con discapacidad encuentran barreras, un tipo de habitación acumula problemas o determinado turno presenta mayores incidencias.
La segmentación ayuda a identificar desigualdades y problemas específicos.
Recopilar sin devolver resultados
Extraer información sin comunicar hallazgos ni implementar mejoras debilita la confianza.
Quienes participaron necesitan saber que su tiempo y sus opiniones fueron valorados.
No documentar las decisiones
Una organización puede resolver un problema y meses después repetirlo porque no registró qué ocurrió, qué se decidió y qué resultado produjo la acción.
Documentar permite construir memoria organizacional.
Utilizar datos desactualizados
Las expectativas, segmentos, condiciones del territorio y procesos internos cambian. Un sistema de medición necesita revisarse periódicamente para comprobar que sus indicadores continúan siendo pertinentes.
Copiar indicadores de otras organizaciones
Un indicador útil para un gran hotel urbano puede ser irrelevante para un proyecto comunitario o un pequeño centro ecoturístico.
Cada organización necesita adaptar su sistema a su realidad, vocación, escala y objetivos.
Actividad práctica: construir un sistema mínimo de medición
Elige una experiencia turística real: un alojamiento, recorrido, restaurante, actividad cultural, centro ecoturístico, agencia, evento o destino.
Reúne, cuando sea posible, a personas relacionadas con atención, operación, dirección y territorio. Trabaja primero con preguntas y después con indicadores.
1. Definir el propósito
Responde:
- ¿Qué significa una experiencia exitosa para nuestra organización?
- ¿Qué valor deseamos generar?
- ¿Qué queremos mejorar?
- ¿Qué decisiones necesitamos tomar?
Evita respuestas generales como «ofrecer el mejor servicio». Formula resultados concretos.
2. Reconocer a los actores
Identifica qué necesitas comprender de:
- Visitantes.
- Colaboradores.
- Organización.
- Comunidad y territorio.
Pregúntate también quiénes participan actualmente en la medición y qué voces están ausentes.
3. Mapear el recorrido
Divide la experiencia en tres grandes etapas:
Antes
- Búsqueda de información.
- Comparación.
- Reservación.
- Pago.
- Preparación.
- Llegada.
Durante
- Bienvenida.
- Orientación.
- Prestación del servicio.
- Participación.
- Atención de necesidades.
- Resolución de problemas.
- Despedida.
Después
- Recuerdo.
- Seguimiento.
- Aprendizaje.
- Recomendación.
- Regreso.
- Relación con el territorio.
Señala los momentos que concentran mayor expectativa, emoción, esfuerzo o riesgo.
4. Definir objetivos prioritarios
Selecciona un objetivo para cada actor.
Por ejemplo:
- Visitantes: fortalecer el aprendizaje ambiental.
- Colaboradores: disminuir la sobrecarga durante la temporada alta.
- Organización: reducir errores en reservaciones.
- Territorio: incrementar las compras a proveedores locales.
5. Formular preguntas
Para cada objetivo, escribe una pregunta:
- ¿Las personas pueden identificar una acción de conservación?
- ¿En qué momentos aumenta la carga del equipo?
- ¿Qué causa los errores en las reservaciones?
- ¿Qué proporción de compras permanece en el territorio?
6. Seleccionar indicadores
Elige una o dos señales por objetivo.
Visitantes
Porcentaje de participantes que identifica una práctica de conservación al finalizar.
Colaboradores
Nivel de carga percibida y horas extraordinarias por periodo.
Organización
Número de reservaciones con errores y tiempo requerido para corregirlas.
Territorio
Porcentaje de compras realizadas a proveedores locales.
7. Elegir los métodos
Asigna el método apropiado a cada pregunta:
- Encuesta.
- Entrevista.
- Observación.
- Registro operativo.
- Análisis de comentarios.
- Grupo de diálogo.
- Información financiera o ambiental.
No utilices una encuesta para obtener información que ya puede encontrarse en un sistema.
8. Establecer decisiones
Define qué harás con cada resultado.
Por ejemplo:
- Si disminuye el aprendizaje, revisar la interpretación ambiental.
- Si aumenta la sobrecarga, ajustar turnos, capacidad o procesos.
- Si continúan los errores, rediseñar el procedimiento de reservación.
- Si disminuyen las compras locales, revisar proveedores y condiciones de contratación.
9. Asignar responsables y frecuencia
Cada indicador debe tener:
- Responsable.
- Fuente.
- Frecuencia.
- Forma de registro.
- Espacio de revisión.
- Criterio para actuar.
10. Compartir los aprendizajes
Establece cómo se comunicarán los resultados a quienes participaron y cómo se documentarán las mejoras.
Resultado esperado: un sistema pequeño y vivo que ayude a comprender y mejorar, no un inventario de métricas diseñado para aparentar control.
Medir bienestar y buen vivir sin apropiarse de su sentido
La visión de las experiencias turísticas con sentido permite acercarse a conceptos que cuestionan la idea de que el desarrollo consiste únicamente en crecer económicamente.
Entre ellos se encuentra la noción tseltal de lekil kuxlejal, vinculada, de manera general, con el buen vivir y con la búsqueda de equilibrio entre persona, comunidad y naturaleza.
Este concepto no debe reducirse a una traducción literal ni utilizarse como adorno institucional. Pertenece a visiones vivas, situadas y diversas de pueblos originarios de Chiapas.
Su presencia puede abrir una pregunta relevante para cualquier organización:
¿La actividad turística contribuye realmente a mejorar la vida de las personas y el territorio?
La respuesta no puede obtenerse mediante una sola métrica ni definirse desde fuera de la comunidad.
Requiere:
- Diálogo.
- Participación.
- Reconocimiento de los significados locales.
- Respeto a la autonomía.
- Combinación de condiciones objetivas y percepciones subjetivas.
- Seguimiento de consecuencias económicas, sociales, culturales y ambientales.
Medir bienestar no significa imponer una escala universal. Significa acordar qué dimensiones son importantes para quienes habitan el territorio.
El desarrollo puede incluir:
- Capacidades.
- Relaciones.
- Identidad.
- Cultura.
- Salud.
- Naturaleza.
- Autonomía.
- Justicia.
- Seguridad.
- Ingresos y medios de vida.
Cuidado intercultural: las comunidades no son fuentes de datos ni escenarios; son sujetos con derecho a definir qué bienestar desean y cómo debe observarse.
Hacia un círculo virtuoso de calidad, calidez y sentido
Cuando las personas colaboradoras cuentan con condiciones dignas, recursos, formación y autonomía, aumentan sus posibilidades de brindar una atención competente y humana.
Cuando el visitante recibe calidad y encuentra significado, puede desarrollar confianza, lealtad y disposición para cuidar el lugar.
Cuando la organización es viable, puede invertir en el equipo, mejorar sus procesos y contribuir al territorio.
Cuando la comunidad participa y percibe beneficios, fortalece las condiciones sociales y culturales que sostienen la experiencia.
Puede formarse un círculo virtuoso:
- Mejores condiciones para los colaboradores.
- Mayor capacidad para ofrecer calidad y calidez.
- Experiencias más valiosas para los visitantes.
- Mayor confianza, satisfacción y fidelización.
- Fortalecimiento de la organización.
- Mayores posibilidades de contribuir al territorio.
- Condiciones más favorables para sostener la experiencia.
Sin embargo, estas relaciones no son automáticas ni lineales.
Un aumento en el número de visitantes puede elevar los ingresos y, simultáneamente, saturar servicios o deteriorar el bienestar. Una reducción de residuos puede disminuir costos, pero generar rechazo si se comunica de manera deficiente.
La medición ayuda a identificar dónde se fortalece el círculo y dónde comienza a romperse.
El propósito no es demostrar que todo funciona correctamente. Es desarrollar la capacidad de observar la realidad con honestidad.
Una organización madura no teme encontrar una brecha. La utiliza para aprender.
La transparencia, la escucha y la mejora generan más confianza que un informe lleno de resultados aparentemente perfectos.
Reflexión final: medir experiencias turísticas con sentido humano es observar qué valor estamos generando, para quién, a qué costo y con qué consecuencias. Es utilizar evidencia para cuidar mejor a las personas, fortalecer las organizaciones y contribuir al bienestar de los territorios.
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