Comprender la cultura para transformar la experiencia turística
Introducción
El turismo es, por naturaleza, un encuentro entre personas. Cada viaje representa una oportunidad para que individuos provenientes de distintos contextos sociales, culturales, económicos y lingüísticos compartan un mismo espacio durante un periodo determinado. Sin embargo, estos encuentros no siempre generan comprensión mutua. Con frecuencia, diferencias aparentemente pequeñas en la forma de saludar, expresar emociones, administrar el tiempo, interpretar el respeto o ejercer la hospitalidad pueden convertirse en barreras que afectan la experiencia turística.
En muchos destinos, tanto los visitantes como los anfitriones llegan con expectativas construidas a partir de sus propias referencias culturales. Cuando esas expectativas no coinciden, es común que aparezcan malentendidos que deterioran la calidad del servicio, generan frustración e incluso afectan la percepción que el visitante desarrolla sobre un destino completo. Lo que para una cultura constituye una muestra de cordialidad, para otra puede resultar invasivo; aquello que para unos representa eficiencia, para otros puede interpretarse como frialdad; y aquello que algunos consideran cortesía, otros pueden entenderlo como falta de sinceridad.
En este contexto, la comunicación intercultural deja de ser una habilidad exclusiva para diplomáticos, traductores o especialistas en relaciones internacionales para convertirse en una competencia esencial de todos los profesionales del turismo. Hoteleros, restauranteros, guías de turistas, operadores, agentes de viajes, transportistas, anfitriones comunitarios y prestadores de servicios interactúan diariamente con personas que interpretan el mundo desde marcos culturales distintos.
La comunicación intercultural no consiste únicamente en dominar un idioma extranjero. Implica desarrollar la capacidad de reconocer que cada persona interpreta la realidad a partir de valores, creencias, normas sociales, experiencias históricas y formas particulares de comprender el mundo. En consecuencia, comunicarse eficazmente exige algo más profundo que hablar correctamente: requiere escuchar con apertura, interpretar con empatía y responder con sensibilidad cultural.
Como señala Teresa Palm en la conferencia que sirve de base para este artículo, muchas tensiones entre visitantes y anfitriones no se originan en la mala voluntad de ninguna de las partes, sino en la interpretación equivocada de comportamientos que responden a códigos culturales distintos. Un visitante que formula preguntas muy directas puede parecer agresivo para algunos anfitriones; una persona que evita decir “no” de manera explícita puede parecer evasiva para quien espera respuestas claras; un silencio prolongado puede interpretarse como indiferencia cuando en realidad representa respeto.
La relevancia de esta competencia ha sido reconocida por organismos internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para el Turismo (ONU Turismo) considera que la comprensión intercultural constituye uno de los pilares del turismo sostenible, ya que favorece el respeto mutuo, fortalece la convivencia entre visitantes y comunidades receptoras y contribuye a preservar el patrimonio cultural mediante relaciones más equilibradas entre quienes reciben y quienes viajan.
Asimismo, la UNESCO ha señalado que el diálogo intercultural representa una condición indispensable para construir sociedades más inclusivas, reducir prejuicios y favorecer la cooperación entre pueblos con historias y visiones distintas.
En este artículo se analizarán los fundamentos de la comunicación intercultural aplicada al turismo, las principales diferencias culturales que influyen en la interacción entre anfitriones y visitantes, las competencias necesarias para desarrollar relaciones más respetuosas y las estrategias que permiten transformar los encuentros turísticos en auténticas experiencias de aprendizaje mutuo.
1. La comunicación intercultural: mucho más que hablar otro idioma
Una idea muy extendida consiste en pensar que la comunicación intercultural equivale simplemente a comunicarse en otro idioma. Bajo esta perspectiva, bastaría aprender inglés, francés o mandarín para establecer relaciones exitosas con visitantes internacionales. Sin embargo, la realidad demuestra que compartir una lengua no garantiza necesariamente una comunicación efectiva.
Dos personas pueden hablar perfectamente español y, aun así, interpretar de manera completamente distinta una misma situación. Del mismo modo, dos personas que apenas dominan un idioma común pueden construir una relación extraordinariamente satisfactoria gracias a la empatía, la curiosidad y el respeto mutuo.
Precisamente por ello, Martin y Nakayama, considerados dos de los principales referentes contemporáneos en comunicación intercultural, definen este proceso como la interacción mediante la cual personas pertenecientes a diferentes contextos culturales negocian significados e identidades, influenciadas por sus experiencias personales, sus sistemas de valores, las relaciones de poder y los marcos históricos en los que viven.
Esta definición resulta especialmente útil para comprender el fenómeno turístico, pues durante un viaje convergen personas que no solo hablan idiomas diferentes, sino que también poseen distintas maneras de entender conceptos tan cotidianos como:
- el respeto;
- la puntualidad;
- la privacidad;
- la autoridad;
- la hospitalidad;
- el servicio;
- el espacio personal;
- la confianza;
- la negociación;
- el conflicto.
Cada uno de estos conceptos parece universal hasta que interactuamos con alguien cuya cultura los interpreta de otra manera.
Por ejemplo, en algunas sociedades el silencio durante una conversación representa atención y respeto; en otras puede interpretarse como desinterés o inseguridad. Algunas culturas consideran apropiado mantener una distancia considerable durante una conversación, mientras que otras reducen naturalmente el espacio interpersonal sin que ello implique invasión.
En consecuencia, la comunicación intercultural no busca eliminar las diferencias culturales ni establecer un modelo universal de comportamiento. Su propósito consiste en desarrollar la capacidad de interpretar esas diferencias antes de emitir juicios apresurados.
2. Los lentes culturales: ¿por qué interpretamos el mundo de manera distinta?
Uno de los aportes más importantes de Teresa Palm consiste en explicar que cada persona observa la realidad a través de “lentes culturales”. Aunque esta metáfora no aparece como concepto formal en la literatura académica, resulta extraordinariamente útil para comprender el funcionamiento de la comunicación intercultural.
Desde que nacemos aprendemos, casi sin darnos cuenta, una enorme cantidad de reglas sociales.
Aprendemos:
- cómo saludar;
- cuándo hablar;
- cuándo guardar silencio;
- qué alimentos son normales;
- cómo expresar afecto;
- qué significa llegar temprano;
- cómo demostrar respeto;
- cómo resolver desacuerdos.
Con el tiempo dejamos de percibir estas conductas como elecciones culturales y comenzamos a considerarlas simplemente “lo normal”.
El problema aparece cuando descubrimos que para otras personas “lo normal” significa algo completamente distinto.
La antropología cultural explica este fenómeno mediante el concepto de enculturación, entendido como el proceso por el cual cada individuo incorpora los valores, normas y comportamientos propios de la sociedad en la que crece. Gracias a este proceso desarrollamos identidad, sentido de pertenencia y formas compartidas de interpretar el mundo.
Sin embargo, esa misma fortaleza puede convertirse en una limitación cuando suponemos que nuestra forma de hacer las cosas es la única correcta.
En el turismo, este fenómeno se manifiesta constantemente.
Un visitante extranjero puede sorprenderse porque el personal del restaurante conversa ampliamente con otros clientes antes de atenderlo. El anfitrión, por su parte, considera natural dedicar tiempo a construir relaciones personales antes de iniciar cualquier interacción comercial.
Ambos actúan correctamente según sus propios códigos culturales.
El conflicto surge únicamente cuando interpretan el comportamiento del otro utilizando sus propios lentes culturales.
Por ello, una de las primeras competencias del profesional turístico consiste en reconocer que su propia cultura también condiciona la manera en que interpreta la realidad.
No basta con estudiar otras culturas; es necesario comprender primero la propia.
Solo cuando somos conscientes de nuestros propios referentes culturales podemos comenzar a reconocer que existen otras maneras igualmente legítimas de comprender el mundo.
Comunicación intercultural en el turismo: construyendo puentes entre anfitriones y visitantes
Las diferencias culturales como oportunidad para enriquecer la experiencia turística
3. Comprender las diferencias culturales sin caer en los estereotipos
Uno de los mayores riesgos al estudiar la comunicación intercultural consiste en convertir las tendencias culturales en estereotipos rígidos. Frases como “todos los mexicanos son impuntuales”, “todos los japoneses son reservados” o “todos los estadounidenses son fríos” simplifican excesivamente una realidad mucho más compleja y diversa.
Teresa Palm advierte precisamente este riesgo cuando explica que ninguna cultura es homogénea y que ninguna persona representa por sí sola a un país entero. Las características culturales deben entenderse como tendencias generales que ayudan a anticipar posibles diferencias en la comunicación, pero nunca como reglas absolutas para clasificar a las personas.
Esta aclaración coincide con la postura de Martin y Nakayama, quienes sostienen que las dimensiones culturales constituyen herramientas analíticas para comprender patrones sociales, no etiquetas que definan el comportamiento individual.
En el turismo, asumir que todos los visitantes de una nacionalidad se comportarán de la misma manera puede generar errores importantes en la atención. Del mismo modo, esperar que todos los anfitriones respondan conforme a una idea preconcebida de “hospitalidad mexicana” puede conducir a expectativas poco realistas.
Por ello, el profesional del turismo debe desarrollar una doble capacidad: reconocer tendencias culturales y, al mismo tiempo, mantener la apertura suficiente para descubrir la individualidad de cada visitante.
La verdadera competencia intercultural consiste en equilibrar ambos niveles de comprensión.
4. Dimensiones culturales que influyen en la comunicación turística
Las investigaciones desarrolladas por Martin y Nakayama, así como otros autores como Geert Hofstede y Edward T. Hall, permiten identificar algunas dimensiones culturales que influyen de manera significativa en la interacción entre personas provenientes de diferentes contextos.
Estas dimensiones ayudan a comprender por qué dos individuos pueden interpretar de forma distinta una misma situación turística.
4.1 Individualismo y colectivismo
Una de las diferencias culturales más estudiadas corresponde al grado de importancia que cada sociedad concede al individuo o al grupo.
En las culturas con una orientación más individualista suele privilegiarse:
- la autonomía personal;
- la independencia;
- el logro individual;
- la iniciativa propia;
- la responsabilidad individual.
Por el contrario, las culturas colectivistas otorgan mayor importancia a:
- la familia;
- la comunidad;
- la cooperación;
- el consenso;
- el bienestar colectivo.
En el ámbito turístico, esta diferencia puede observarse de múltiples maneras.
Por ejemplo, un visitante acostumbrado a tomar decisiones completamente independientes puede sorprenderse cuando un anfitrión consulta constantemente a otros miembros de la familia antes de responder una solicitud importante.
De igual forma, un turista proveniente de una cultura colectivista puede percibir como distante a un prestador de servicios que privilegia la eficiencia sobre la construcción de relaciones personales.
Ninguna de estas conductas es correcta o incorrecta; simplemente responden a formas distintas de organizar la vida social.
4.2 La relación con la autoridad
Otra dimensión relevante es la manera en que las distintas sociedades comprenden las jerarquías.
Algunas culturas aceptan con naturalidad las diferencias de autoridad y esperan un trato diferenciado según la edad, la posición o el cargo.
Otras favorecen relaciones mucho más horizontales, donde la cercanía y la igualdad son valores importantes.
Teresa Palm menciona que, en muchos contextos hispanos, es común combinar cercanía afectiva con respeto hacia las figuras de autoridad.
En cambio, otras culturas mantienen interacciones más igualitarias incluso con personas que ocupan posiciones jerárquicas elevadas.
Comprender esta diferencia resulta especialmente útil para los guías de turistas, quienes constantemente interactúan con grupos internacionales.
Por ejemplo, algunos visitantes esperan dirigirse directamente al director de un museo o al responsable del sitio cuando tienen alguna duda importante, mientras que otros consideran inapropiado hacerlo sin seguir determinados protocolos.
El guía debe ser capaz de interpretar ambas perspectivas y facilitar la comunicación entre las partes.
4.3 La percepción del tiempo
Pocas diferencias culturales generan tantos malentendidos como la forma en que distintas sociedades entienden el tiempo.
Edward T. Hall propuso distinguir entre culturas monocrónicas y policrónicas.
Las primeras organizan el tiempo como una secuencia lineal donde la puntualidad, la planificación y el cumplimiento estricto de horarios representan valores fundamentales.
Las segundas privilegian la flexibilidad, las relaciones personales y la capacidad de adaptación frente a las circunstancias.
Teresa Palm ejemplifica esta diferencia al señalar que muchas comunidades hispanas suelen mostrar mayor flexibilidad respecto a los horarios, mientras que las culturas anglosajonas conceden enorme importancia a la puntualidad y la planeación precisa.
Esta diferencia puede generar conflictos cotidianos en el turismo.
Un visitante europeo puede interpretar un retraso de quince minutos como falta de profesionalismo.
Por el contrario, un anfitrión puede considerar que extender una conversación agradable con otro cliente justifica plenamente ese mismo retraso.
Ninguna interpretación es universalmente correcta.
La competencia intercultural permite anticipar estas diferencias y establecer mecanismos de comunicación que reduzcan la frustración de ambas partes.
4.4 Formas de expresar emociones
Las emociones también poseen una dimensión cultural.
Existen sociedades donde expresar alegría, entusiasmo o desacuerdo de manera abierta constituye una conducta completamente aceptada.
En otras, el autocontrol emocional representa una muestra de madurez, respeto y consideración hacia los demás.
Por ello, un visitante muy expresivo puede ser percibido como exagerado por algunos anfitriones, mientras que una persona reservada puede parecer fría o distante para quienes esperan mayor espontaneidad.
La labor del profesional turístico consiste en interpretar estas diferencias sin convertirlas en juicios de valor.
4.5 La hospitalidad como construcción cultural
Uno de los aspectos más interesantes de la comunicación intercultural consiste en reconocer que la hospitalidad tampoco posee un significado universal.
Cada cultura desarrolla formas particulares de expresar la bienvenida, el cuidado y la atención hacia quienes la visitan.
En muchas comunidades mexicanas la hospitalidad se manifiesta mediante la generosidad.
Ofrecer comida, compartir tiempo con los visitantes, invitar a permanecer más tiempo en casa o insistir varias veces antes de aceptar una negativa forman parte de expresiones profundamente arraigadas en la vida cotidiana.
El conocido dicho “Mi casa es tu casa” sintetiza esta manera de comprender la hospitalidad.
Por el contrario, en otras culturas la hospitalidad se expresa respetando cuidadosamente la privacidad del visitante, evitando invadir su espacio personal y ofreciendo ayuda únicamente cuando es solicitada.
Ambas formas representan hospitalidad.
Simplemente responden a maneras distintas de entender el cuidado del otro.
5. La comunicación intercultural en los servicios turísticos
Todas estas diferencias culturales adquieren especial relevancia cuando se trasladan a la operación cotidiana de empresas y destinos turísticos.
Un hotel recibe diariamente huéspedes con expectativas diferentes respecto al servicio.
Un restaurante atiende comensales acostumbrados a distintos ritmos de alimentación, niveles de picante, formas de interacción y protocolos sociales.
Un guía interpreta el patrimonio frente a visitantes que poseen conocimientos previos, intereses y marcos culturales completamente diversos.
Incluso un operador turístico debe negociar permanentemente entre las necesidades del visitante, las características de la comunidad anfitriona y las condiciones específicas del destino.
En consecuencia, la comunicación intercultural deja de ser un conocimiento teórico para convertirse en una herramienta operativa que impacta directamente la calidad del servicio.
Cada interacción representa una oportunidad para construir confianza o para generar malentendidos.
Cada explicación puede acercar o alejar al visitante de la experiencia.
Cada gesto puede fortalecer o debilitar la percepción de hospitalidad.
Por ello, la comunicación intercultural constituye una competencia transversal que atraviesa prácticamente todos los segmentos de la actividad turística, desde el turismo comunitario hasta los grandes complejos hoteleros.
Comunicación intercultural en el turismo: construyendo puentes entre anfitriones y visitantes
La competencia intercultural como herramienta para un turismo más humano y sostenible
6. Estrategias para desarrollar la competencia intercultural
La comunicación intercultural no es una habilidad innata. Al igual que cualquier competencia profesional, puede desarrollarse mediante la práctica consciente, la reflexión permanente y la exposición a contextos culturalmente diversos.
Uno de los aportes más valiosos de Teresa Palm consiste en presentar una serie de estrategias sencillas pero profundas que permiten fortalecer esta competencia en cualquier profesional del turismo. Más que técnicas de comunicación, constituyen una forma distinta de relacionarse con las personas y con la diversidad cultural.
6.1 Practicar la escucha activa
Escuchar activamente implica mucho más que permanecer en silencio mientras otra persona habla.
Consiste en prestar atención al contenido del mensaje, pero también al tono de voz, las pausas, el lenguaje corporal, las expresiones faciales y el contexto en el que ocurre la interacción.
En la comunicación intercultural, la escucha activa ayuda a evitar interpretaciones precipitadas y favorece la comprensión del significado que determinadas conductas tienen para la otra persona.
Para un guía de turistas, por ejemplo, escuchar atentamente las preguntas de un visitante puede revelar mucho más que una simple duda: puede mostrar intereses particulares, preocupaciones, conocimientos previos o expectativas sobre la experiencia que está viviendo.
6.2 Sustituir el juicio por la curiosidad
Uno de los mayores obstáculos para la comunicación intercultural es la tendencia humana a juzgar rápidamente aquello que resulta diferente.
Cuando una conducta rompe nuestras expectativas solemos clasificarla como correcta o incorrecta antes de intentar comprenderla.
Teresa Palm propone cambiar una pregunta aparentemente sencilla:
En lugar de preguntarnos:
¿Por qué hacen eso?
preguntarnos:
¿Qué significado tiene ese comportamiento dentro de su cultura?
Este pequeño cambio transforma completamente la interacción.
El juicio desaparece para dar paso a la curiosidad.
La curiosidad genera preguntas.
Las preguntas generan comprensión.
Y la comprensión construye confianza.
6.3 Formular preguntas con respeto
La comunicación intercultural no exige conocer todas las culturas del mundo.
Nadie puede hacerlo.
Lo verdaderamente importante consiste en aprender a preguntar con interés genuino.
Preguntas como:
- ¿Así acostumbran hacerlo en tu comunidad?
- ¿Cómo prefieres que organicemos esta actividad?
- ¿Existe alguna recomendación cultural que debamos considerar?
permiten adaptar la experiencia turística sin caer en suposiciones.
Además, comunican al visitante que su identidad cultural es valorada y respetada.6.4 Desarrollar conciencia cultural propia
Con frecuencia creemos que el problema intercultural siempre está “en los otros”.
Sin embargo, Martin y Nakayama sostienen que la competencia intercultural comienza precisamente cuando reconocemos que nosotros también observamos el mundo desde un conjunto de referencias culturales.
Nuestros hábitos, formas de trabajar, expectativas sobre el servicio y maneras de interpretar el respeto también son producto de una historia cultural específica.
Conocer otras culturas resulta imposible si antes no comprendemos la propia.
6.5 Aprender a convivir con la incertidumbre
Los encuentros interculturales rara vez ofrecen respuestas inmediatas.
En ocasiones no sabremos exactamente qué quiso decir un visitante.
Otras veces no comprenderemos por qué reaccionó de determinada manera.
La competencia intercultural exige desarrollar tolerancia hacia esa incertidumbre.
No todas las situaciones necesitan resolverse de inmediato.
Algunas simplemente requieren paciencia, observación y disposición para seguir aprendiendo.
6.6 Adaptar la comunicación sin perder autenticidad
Uno de los mitos más frecuentes consiste en pensar que la comunicación intercultural implica actuar como alguien diferente.
En realidad ocurre exactamente lo contrario.
No se trata de renunciar a la propia identidad, sino de desarrollar suficiente flexibilidad para que nuestro mensaje pueda ser comprendido por personas con experiencias culturales distintas.
Teresa Palm utiliza una metáfora particularmente acertada: adaptar la comunicación se parece a ajustar el volumen de la voz según el espacio donde nos encontramos. Seguimos siendo la misma persona, pero elegimos la forma más adecuada de construir puentes en lugar de levantar barreras.
7. Comunicación intercultural y calidad turística
Durante muchos años la calidad en el turismo se evaluó principalmente mediante indicadores relacionados con infraestructura, limpieza, rapidez del servicio o cumplimiento de procedimientos.
Aunque estos aspectos siguen siendo indispensables, el turismo contemporáneo reconoce que la calidad también depende de la experiencia emocional y relacional que viven los visitantes.
Una habitación impecable difícilmente compensará un trato poco empático.
Del mismo modo, una explicación históricamente impecable perderá impacto si el guía no logra conectar con los intereses y expectativas culturales de su audiencia.
Por ello, la comunicación intercultural constituye hoy una dimensión esencial de la calidad turística.
Un profesional capaz de interpretar las diferencias culturales puede:
- reducir conflictos;
- anticipar expectativas;
- adaptar su comunicación;
- fortalecer la confianza;
- incrementar la satisfacción del visitante;
- favorecer recomendaciones positivas.
En otras palabras, la competencia intercultural se convierte en una herramienta estratégica para mejorar la percepción global del destino.
8. Comunicación intercultural y turismo sostenible
La Organización de las Naciones Unidas para el Turismo ha señalado que el turismo sostenible debe generar beneficios tanto para los visitantes como para las comunidades receptoras.
Este equilibrio solo puede alcanzarse cuando existe comprensión mutua.
La comunicación intercultural favorece precisamente ese equilibrio porque permite que el visitante valore las formas de vida locales sin intentar modificarlas y que las comunidades anfitrionas reciban visitantes sin sentir que deben renunciar a su identidad para satisfacer expectativas externas.
En este sentido, la competencia intercultural fortalece varios de los principios del turismo sostenible:
- respeto por la diversidad cultural;
- preservación del patrimonio inmaterial;
- inclusión social;
- fortalecimiento del diálogo entre culturas;
- construcción de relaciones más equitativas entre anfitriones y visitantes.
El turismo deja entonces de ser únicamente un intercambio económico para convertirse en un espacio de aprendizaje compartido.
9. El profesional del turismo como mediador cultural
Uno de los mensajes más importantes de este curso consiste en reconocer que los profesionales del turismo no solo venden servicios.
Actúan como mediadores entre culturas.
Cada guía interpreta un patrimonio para personas provenientes de contextos diferentes.
Cada recepcionista representa a su destino.
Cada anfitrión comunitario muestra una forma particular de comprender la vida.
Cada restaurantero comparte una tradición gastronómica construida durante generaciones.
En consecuencia, cada interacción turística tiene el potencial de fortalecer o debilitar el entendimiento intercultural.
Esta responsabilidad exige profesionales técnicamente preparados, pero también profundamente conscientes del valor que posee la diversidad humana.
Conclusiones
La comunicación intercultural representa una de las competencias más importantes para el turismo del siglo XXI. En un contexto donde millones de personas viajan diariamente motivadas por el deseo de conocer otras culturas, los encuentros entre visitantes y anfitriones se convierten en escenarios donde convergen distintas formas de comprender el mundo.
A lo largo de este artículo se ha demostrado que muchas tensiones presentes en la actividad turística no se originan en la mala voluntad de las personas, sino en la interpretación diferente de comportamientos que responden a códigos culturales distintos. Comprender esta realidad permite sustituir el juicio por la curiosidad, la confrontación por el diálogo y la diferencia por una oportunidad de aprendizaje.
Las aportaciones de Teresa Palm, complementadas con las investigaciones de Martin y Nakayama, Edward T. Hall y Geert Hofstede, muestran que la competencia intercultural no consiste en memorizar características de otros países, sino en desarrollar la capacidad de reconocer nuestros propios referentes culturales y construir puentes de comunicación basados en el respeto, la empatía y la apertura.
En el ámbito turístico, esta competencia impacta directamente la calidad del servicio, la satisfacción del visitante, la preservación del patrimonio cultural y el fortalecimiento de comunidades anfitrionas más resilientes. Un profesional capaz de interpretar las diferencias culturales contribuye no solo a mejorar la experiencia del viaje, sino también a construir un turismo más humano, inclusivo y sostenible.
Finalmente, la comunicación intercultural nos recuerda que detrás de cada idioma, cada costumbre y cada tradición existe una persona que desea ser comprendida. Cuando el turismo logra propiciar ese encuentro desde la dignidad, el respeto y el aprendizaje mutuo, deja de ser únicamente un desplazamiento geográfico para convertirse en una auténtica experiencia de transformación personal.
Referencias
- Hall, E. T. (1976). Beyond Culture. Anchor Books.
- Hofstede, G., Hofstede, G. J., & Minkov, M. (2010). Cultures and Organizations: Software of the Mind (3.ª ed.). McGraw-Hill.
- Martin, J. N., & Nakayama, T. K. (2022). Intercultural Communication in Contexts (8th ed.). McGraw-Hill.
- Organización de las Naciones Unidas para el Turismo (ONU Turismo). (2024). Global Code of Ethics for Tourism y documentos sobre turismo sostenible.
- UNESCO. (2005). Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales.
- UNESCO. (2009). Informe Mundial: Invertir en la diversidad cultural y el diálogo intercultural.





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